En Béjar a miércoles, 10 de marzo de 2010 
TURISMO 
 
Mateo Hernández: Vida de un escultor

Béjar. Una vocación temprana

Nacido en el seno de una familia de canteros, la infancia de Mateo transcurre en el ambiente de un tradicional taller de artesanos donde domina la figura de su padre: "a su lado, aprendimos sus hijos a manejar los elementos rudos y la materia fuerte, como si fuera una función natural de nuestra existencia. Yo creo que el primer ruido que llegó a mi oído fue el del golpe de la maza sobre la piedra. Desde muy niño manejé el cincel y el martillo".

Allí en la casa del padre adquiere Mateo el amor al oficio y la capacidad para largas jornadas de trabajo, hábitos que mantendrá toda su vida

Su paso por la escuela va a ser corto. Le aburre. Sus aficiones son el dibujo y los toros y a ellas va a dedicar la mayor parte de su tiempo. El padre decide sacarlo de allí y mandarle de “pinche" a la cantera, «a la sombra del padre el niño aprende el oficio de la cantería», el conocimiento de la herramienta y la forma de labrar. Cuenta Mateo con diez años. Su primera obra data de estas fechas. El padre trabaja en el panteón de la familia Rodríguez-Arias y Mateo realiza una serie de piezas decorativas donde queda evidenciada la buena disposición del muchacho para el oficio de cantero.

Sin embargo las desgracias apenas se van a hacer esperar en la vida de nuestro escultor. Mateo tiene trece años cuando fallece su madre. El padre sufre una depresión nerviosa y se produce una cierta dispersión familiar. Ante semejante panorama, Mateo decide buscarse la vida y sale de Béjar para no volver hasta los dieciocho años. Estos años fuera de su ciudad natal pasan entre sueños de torero por Andalucía y realidades de picador de fondo en las minas de Linares.

Cuando regresa a Béjar, recuperado ya su padre, se integra en el ambiente cultural de la ciudad y se matricula en la Escuela de Artes e Industrial. Mateo volverá a las andadas: falta a todas las clases menos a aquellas en las que se imparte el dibujo, donde alcanza la máxima puntuación en las calificaciones de Junio, en las demás aparece como no presentado.

Mateo decide sentar la cabeza. El domingo 21 de mayo de 1905 contrae matrimonio con Petra Téllez y lo que prometía ser un futuro feliz acaba siendo un acontecimiento tan desgraciado como determinante en la vida del escultor bejarano. La infelicidad inmerecida" acabará provocando la salida de Béjar para no volver nunca.

Salamanca

Limitado, vital y artísticamente, por el ambiente de Béjar, Mateo decide dar el salto a Salamanca con el propósito de abrirse camino.

Antes de su salida de Béjar, Mateo Hernández esculpe y modela algunas piezas en un taller que ha montado en el desván de su casa. Con una de ellas, un Cristo realizado en madera de peral, llega a la capital salmantina. La expone en el escaparate de una librería y logra un éxito inesperado. La obra se vende y "El Adelanto", periódico local, le dedica un hermoso artículo.

En estos primeros años, comparte el trabajo con las clases nocturnas en la Escuela de Nobles y Bellas Artes de San Eloy, y bien sea por mediación del director de ésta, Don Jesús Sánchez, bien por la influencia del rector de la Universidad, D. Miguel de Unamuno, impresionado vivamente por la contemplación del Cristo y por ias innegables posibilidades del muchacho, Mateo consigue una beca de la Diputación Salmantina para realizar estudios en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, de Madrid. La cuantía de la ayuda es de 1.250 pts. y Mateo se matricula en el curso académico de 1906-1907. Pero su estancia madrileña no puede ser más breve. En los exámenes de Junio aparece ya como no presentado. Y es que el ambiente de la escultura en la capital española y la pedagogía de la escuela no puede ser más tristes.

Dominada por un caduco academicismo, que desprecia la talla de la piedra y un naturalismo propio de la época de la Restauración, la escultura española, excepción hecha del foco catalán, agoniza bajo la dictadura estética y personal de Benlliure. Un crítico de la época, con frase lapidaria, resume la situación «En España los escultores no existen, se han muerto todos -artísticamente- de respirar tantos años seguidos las nefandas emanaciones de la escultura benlliuresca». Ante semejante panorama Mateo se vuelve a Salamanca, donde trata de subsistir a base de encargos particulares y la beca renovada. El Ayuntamiento le encarga la realización de unos medallones para la Plaza Mayor. Pero estas expectativas pronto se verán truncadas. Los partículares le pagan poco, mal o nunca y la corporación municipal se despacha con un hiriente «silencio administrativo». Mateo cae en una situación límite. Las palabras del escultor, años mas tarde, no pueden ser más elocuentes "En Salamanca, después de catorce meses de miseria, pensé morir".

Entre la imposibilidad moral de volver a Béjar y la dificultad material de permanecer en Salamanca a Mateo no le queda otra salida que la de buscar en París el futuro que aquí se le niega

Primeros años en Francia

Mateo Hernández llega por primera vez a París en 1911, para realizar por fin el encargo del Ayuntamiento salmantino y tras un regreso a Salamanca sale definitivamente de España el 21 de septiembre de 1913.

Desde fines del XIX París se ha convertido en el principal foco de atracción de la escultura y el arte en general. Hasta allí llegan artistas de las más dispares nacionalidades. El proceso se acelera en los primeros años del siglo y en los barrios de Montmartre y Montparnasse se asienta esa “legión extranjera”, cada vez más numerosa, que con el tiempo recibirá el controvertido nombre de “Escuela de París”. Precisamente en uno de esos barrios -Montparnasse- se instala Mateo Hernández. Allí se respira una atmósfera de extrema libertad pero también de extrema miseria que se verá agravada con el estallido de la Primera Guerrá Mundial. Sin salir del barrio, Mateo, cambia varias veces de domicilio, pero son siempre habitaciones de espacio reducido donde malvive y trabaja en las peores condiciones. Su taller es el “Jardín de Plantas», donde le sirven de modelos los animales allí enjaulados. Trabaja incansablemente. Talla en madera y piedra, modela en barro y pinta. Son los años de búsqueda de una personalidad escultórica que empieza a manifestarse a partir del año 1916 en que empieza a concentrarse en la escultura animalística y en la decisión, cada vez mayor, de atacar la piedra de forma directa.

De estos primeros años en Francia, de extrema dificultad en todos los sentidos, hay un hecho feliz que destaca de forma sobresaliente y no es otro que su encuentro con Fernanda Carton Millet. Esta institutriz francesa se va a convertir en la compañera fiel hasta el final de sus años y, a parte de su ayuda material y económica, Fernanda le guía por el difícil mundo artístico de Salones y Exposiciones. Ella le sugiere y le anima hacia el tema animalístico y será la memoria viva de la trayectoria del escultor en París, publicando, ya muerto el escultor, un opúsculo, "Mateo Hernández Sculpteur Spagnol" (1885-1949) que se constituye como una referencia inevitable de la vida y la obra del escultor bejarano. Muerta en 1972, sus restos descansan hoy a su lado, en el cementerio de Béjar.

Los años 25

Una vez acabada la guerra, el pulso artístico de la capital francesa recupera su ritmo lentamente; salas y galerías de arte abren sus puertas al renacido ambiente cultural.

Durante estos años Mateo ha ido acumulando un número importante de obras tanto de temática animalista. La leona que llora o El camello dormido, como bustos y desnudos. Piezas todas de reducida talla debido sin duda a la falta de dinero para la adquisición de bloques de piedra y de un taller apropiado para los trabajos de mayor envergadura. Con este bagaje escultórico Mateo se presenta a diferentes salones y exposiciones y si en principio los resultados no responden a las expectativas deseadas, pronto consigue su primer gran éxito. Es en el Salón de Otoño de 1920 con la presentación, entre otras obras, de una pantera en granito de Bélgica. La venta de esta escultura, una vez cerrada la exposición, al conocido Barón de Rostchild, aristócrata judío y apasionado del coleccionismo, marca un punto y aparte en la carrera del artista. El precio de la pantera, exagerado intencionadamente para no venderla, no debió resultarle al Barón fuera de lugar y cuando menos lo esperaba y con el protocolo propio de la aristocracia, se vio con el cheque y sin pantera.

Comienza así un período en el que el artista va a poder trabajar con mayor desahogo económico y más confianza en su propia obra.

Al final del año 1923 adquiere un bloque de diorita de dos metros de largo y durante dos años trabaja sobre una de sus obras emblemáticas, La pantera de Java, que se encuentra en el Museo Metropolitano de nueva York. La obra, realizada en diorita, va a ser expuesta junto a La bañista y otras tallas en el Pabellón Español de la Exposición Internacional de Artes Decorativas de París del año 1925. Con ella consigue el gran premio de Escultura (Modalidad Piedra) y su consolidación como escultor. La obra vendida a una rica americana, que será quien la done al Museo Neoyorquino, supuso económicamente la ayuda que Mateo necesitaba para poder desarrollar su arte con plenitud.

En torno a los años de la Exposición Internacional de 1925, Mateo realiza algunas de sus mejores y más exquisitas obras, tales como La grulla coronada del Museo de Béjar o El águila real en esquisto, o bustos como el de Eugenio Pérez de Tudela y el de Migue! Ángel Asturias.
Si bien la obra de Mateo era conocida en España a través de fotos en revistas de arte y por un reducido grupo de amigos que mantenía correspondencia con él, no había podido ser contemplada en vivo. En el año 1926, a través de la "Asociación de Amigos del Arte», se establecen los primeros contactos para traer a Madrid sus esculturas. Fruto de los mismos y después de salvar no pocas dificultades, se inaugura en Enero de 1927, por el rey Alfonso XIII, una muestra compuesta por Bustos, desnudos y animales que sumaban un total de 57 obras. El catálogo estuvo prologado por Antonio Méndez Casas, crítico de Arte, que ya había demostrado su interés por la obra de Mateo Hernández con algunos artículos en la prensa española. La exposición fue un rotundo éxito a pesar de no venderse ninguna obra, debido seguramente a la alta cotización que tenían las mismas.

Meudon (1928-1939)

Entre el año 1928, en que se instala en Meudon, Hasta el comienzo de la Segunda Querrá Mundial, transcurre una etapa caracterizada por la expansión de su creatividad y la consagración definitiva como escultor.

En la finca de Meudon, de magníficas dimensiones, Mateo Hernández despliega su actividad artística en todas direcciones. Aquí dispone ya de espacio para almacenar grandes bloques de piedra. Fabrica sus propias herramientas en la fragua que ha montado en una de las habitaciones de la casa, en otra instala una pequeña imprenta y el jardín se convierte en un «zoológico». Es en este espacio y a partir de este momento cuando Mateo va a realizar las obras de mayor tamaño, la escultura monumental que durante años había estado soñando.

Pinta y dibuja intensamente, empleando todas las técnicas (óleo, acuarela, pastel, sanguina, lápiz, etc...) y otras que inventa como los “frescos portátiles”, placas rectangulares como losetas de cemento con su fondo gris, áspero, rugoso, que utilizaba para sus ensayos pictóricos y que vendía luego fácilmente.
También graba. A esta etapa pertenecen las litografías para ilustrar las fábulas de La Fontalne. Edición de 99 ejemplares numerados que no estuvo exenta de pleitos y discusiones por el escaso interés que tenía Mateo en ver su obra reproducida mecánicamente.

Mientras tanto los éxitos se suceden. El Museo de Artes Decorativas le dedica una exposición, entre febrero y marzo del año 28, que supone el reconocimiento oficial a su obra, que se verá sancionado con la concesión en 1930, por el presidente de la República Francesa, de la Legión de Honor. La exposición no sólo es destacable desde el punto de vista institucional, que raramente se dedicaba a un artista no nacido en Francia, sino también por su contenido, que unía a esculturas como La pantera de los Rothschild, la de Java del Museo Metropolitano de nueva York o El Marabú de! Museo de Luxemburgo, pinturas y dibujos de diferentes técnicas. Era la primera vez que se lograba unir esta variedad de obras y es, quizás, las más completa que se ha hecho hasta la fecha. El catálogo lo prologó Rene Jean, amigo Intimo del artista, crítico de arte que siguió su obra desde sus primeras exposiciones. Años más tarde, con la exposición realizada en Nueva York, la obra de Mateo adquiere resonancia universal, se editaron miles de catálogos y algunas de sus obras pasaron a museos norteamericanos.

Meudon durante la guerra

"Durante cinco años conocimos privaciones de todas clases, la falta de dinero y la dictadura odiosa que hacían prefiriéramos no ver a nadie ni salir de casa para poder al menos pensar por uno mismo”

En París, invadida por los alemanes, la actividad artística se vuelva a paralizar. Mateo y Fernanda a pesar de los bombardeos, que caen cerca de Meudon, y todas las penurias y dificultades imaginables permanecen en la capital francesa.

En ningún momento Mateo abandona el trabajo. Con el material que ha almacenado en Meudon decide realizar un autorretrato. Para ello elige un bloque de diorita de más de cinco toneladas en el que esculpirá, ayudado por tres espejos, el autorretrato sedente. Una de sus mejores obras y una de las que alcanzó mayor cotización en la valoración del Legado. Esta escultura, «verdadera imagen de la Resistencia Espiritual» que tallará durante los duros años de la guerra, es testamento y emblema de toda su obra. La durísima piedra labrada con sorprendente habilidad tanto en su conjunto como en los detalles, la superficie finamente pulida, dando suavidad natural a la musculatura y la disposición de la figura heredada de sus admirados escultores del antiguo Egipto, resume magníficamente el dominio del oficio y el mantenimiento de las tradiciones escultóricas de la talla directa.
La obra fue presentada al publico en 1945 una vez terminada la guerra.

Pero no solo trabajó en esta obra. En el «Salón de la Liberación» había presentado un grupo escultórico de Chimpancés también de tamaño monumental.

Van transcurriendo los años y la salud de Mateo empieza a resentirse. En contra del dictamen de los médicos sigue trabajando en obras que requieren gran esfuerzo como «Gorilas. Maternidad» y «Osa y osezno» que presentará en la exposición realizada en las fullerías en Otoño del 49 recibiendo el premio de Honor

Poco después la dolencia cardíaca se agrava y el 26 de noviembre de 1949 fallece en su finca de Meudon. Al día siguiente llega la noticia a España. Debido a su republicanismo manifiesto y su escaso catolicismo, el traslado de sus restos a España -en pleno nacional catolicismo- y su posterior entierro en Béjar estuvieron rodeados de retrasos y silencios oficiales frente a la expectación y el orgullo de su pueblo natal.

Texto: Antonio Garrido


 
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