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En Béjar a miércoles, 10 de marzo de 2010 |
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Toda la obra que podemos ver hoy en Museo es la parte más importante del Legado que el escultor bejarano donó al Estado Español poco antes de su muerte. A pesar de no compartir, en absoluto, el sistema político imperante en aquellos años, Mateo Hernández, estableciendo la diferencia entre Estado y Gobierno decide donar, mediante un testamento escrito, todas sus obras en talla directa en toda clase de piedra, como así mismo la finca de Meudon. Sin embargo tendrán que pasar más de cincuenta años para que estas esculturas encuentren el merecido reposo. La historia comienza en el año 1950. Por iniciativa del Consulado General de España en París se encarga a una galería de la capital francesa que realice una tasación de las esculturas. A pesar de la dificultad de la misma, el Sr. Massenta, encargado del peritaje, deja clara la calidad y cuantía de lo donado: «si el valor de cada una es importante, el de la producción en conjunto debe de ser extraordinaria, pues hace de ella una colección única que constituye un pequeño museo». Un año más tarde se facilita a una comisión interministerial para que realice todas las operaciones pertinentes para hacerse cargo del legado y provea de lo necesario para la conservación y custodia. En los primeros días de Febrero de 1952, las esculturas salen de París con destino al Museo de Arte Moderno. En mayo se realiza La Exposición nacional de Bellas Artes en la que la obra ocupa un lugar de preferencia. A partir de este momento la indiferencia y el abandono más absoluto acompañan la vida y la obra del escultor. Las de mayor tamaño quedan a la intemperie en las cercanías del Palacio de Cristal y las pequeñas en los sótanos del Museo de Arte Moderno. Por resolución del Ministerio de Educación, llega a Béjar el -Autorretrato sedente,- quedando instalado en el jardincillo de la Puerta de la'.Villa; unos meses más tarde la escultura aparece desmoronada. El acontecimiento conmociona a la ciudad, y lo que en principio se creyó un acto de vandalismo acaba verificándose como un producto del mencionado abandono. La escultura se entregó a la ciudad en malas condiciones. La pieza vuelve a Madrid para ser restaurada. Ese mismo año en La Exposición Nacional de Bellas Artes que se celebró en Madrid, se exponen cincuenta y siete obras y se realiza un catálogo con textos de Francisco de Cossío y Enrique Lafuente Ferrari, ambos amigos del escultor, acompañado de unas estupendas fotografías de las obras expuestas. Algunos bustos aparecen innominados. A partir de este momento, o quizá antes, el Ayuntamiento realizaba gestiones para que la Dirección General de Bellas Artes ceda en depósito algunas obras del Legado, para ser instaladas en el Museo que se pensaba realizar en el remodelado palacio Ducal, asunto que se consigue mediante el cambio de una lápida hebrea, encontrada en Béjar, al Museo Sefardita de la ciudad de Toledo. El cambio supuso el depósito de cinco obras para el Museo de Béjar inaugurado en el año 1966. Será en la década de los 70 cuando la vida y la obra de Mateo Hernández empiece a ser reivindicada de forma y manera más digna. Entre febrero y marzo de 1973 y con motivo de la inauguración de la nueva sede social de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid, se realiza una exposición de 28 piezas y se edita un catálogo con textos de Raúl Chávarri. El acto fue presidido por los entonces Príncipes de España. Fruto de un renovado interés por su vida y su obra aparece en el año siguiente la primera biografía “seria” del escultor realizada por Javier de Montillana y editada por el Ministerio de Educación y Ciencia en una “colección de bolsillo” dedicada a biografías de artistas españoles. En el mes de diciembre de 1974 la Dirección General del Patrimonio Artístico dispone que pasen en calidad de depósito temporal al Museo Municipal de Béjar 23 obras más que llegan en los primeros días de Enero. Quedan expuestas en las salas de “manera provisional” hasta que se construya un nuevo museo que albergue las obras de Mateo Hernández. El proyecto se va a demorar y las piezas van a permanecer durante algunos años descolocadas y mal situadas (dos fuera de las salas y otra debajo de unas escaleras). Los primeros intentos de construcción de un nuevo Museo comienzan en 1976. Se piensa en la antigua Cárcel Real y a tal efecto se le ofrece el edificio a la Dirección General de Bellas Artes. Pero a la postre será el Ayuntamiento quien ocupe esas dependencias y se pase a construir un edificio de nueva planta en el antiguo solar del Ayuntamiento situado en la Plaza de Martín Mateos para situar allí el Legado de Mateo Hernández junto con la suma de obras del Museo Municipal. Una vez construido se decide, en 1979, que reciba el nombre del escultor bejarano. Queda sancionado por la visita en octubre de ese año del Director de Bellas Artes que no quedó, como tampoco la opinión pública, precisamente encantado por las actuaciones arquitectónicas del nuevo edificio. Y tanto es así que pocos días antes de su inauguración se duda todavía si las obras deben ir allí o volver al antiguo museo. En ese momento y con motivo del Homenaje Nacional que se dedica a Mateo Hernández, el legado casi en su totalidad circula por diferentes capitales de Castilla y León y debía terminar en Béjar en Agosto de 1980. Al final, como mal menor, se decide instalar la exposición en el nuevo museo y se hace coincidir el acontecimiento con la inauguración de la nueva sede el 21 de agosto de ese año. Desde ese momento la práctica totalidad del Legado queda en Béjar para poder ser contemplada como una colección única en su género. A la par que la exposición, el Ministerio de Cultura edita, a manera de catálogo, la biografía de Mateo Hernández realizada por José Luis Majada Meila, la más completa y prácticamente definitiva de cuantas se han realizado hasta el momento. Cierra este dilatado e intrincado proceso la instalación, en el ábside de San Gil, del Autorretrato sedente, coincidiendo con los actos del centenario del nacimiento del universal escultor bejarano. Actualmente el museo ha adoptado carácter monográfico pasando a denominarse Museo Municipal de Escultura, en el que se encuentran además de las cincuenta y una obras de Mateo Hernández, la donación que en 1986 hiciera la familia de otro escultor bejarano, Francisco González Hacías, compuesta por veintinueve piezas, así como algunas obras de Marino Amaya y las obras premiadas en las Bienales que desde 1994 se vienen celebrando en la ciudad de Béjar. |
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