En Béjar a jueves, 07 de agosto de 2008 
TURISMO 
 
Teatro Cervantes

El Teatro Cervantes, inaugurado el 23 de septiembre de 1857 –siete años antes que el Calderón de Valladolid-, es uno de los ejemplos precoces entre los Teatros españoles del siglo XIX, según el modelo moderno de Coliseo de la época isabelina. Pocos teatros españoles, superan al Cervantes en antigüedad, pues la mayoría se erigieron entre el último tercio del Siglo XIX y comienzos del XX.

Coincidente con una época de bonanza económica general, y de empuje industrial de la ciudad de Béjar, en julio de 1854 se crea una comisión dentro de uno de los Casinos de la ciudad –el Circulo de Béjar- para llevar a cabo el proyecto, decidiéndose que la junta del teatro trabajase independientemente de la del Circulo. Esa dualidad se reflejó en la distribución de los distintos espacios, pues después de la inauguración del Teatro, continuaron en el cuerpo delantero del Foyets, las obras para habilitar el espacio que el Circulo necesitaba para sus actividades, lo que se manifestó en una fachada principal no simétrica con puertas independientes, unas escaleras angostas e impropias de tal Coliseo, y un portal que invitaba a transformar el Circulo, como ocurrió hace pocas décadas, en viviendas y altillo.

Armónicamente proporcionado en sus tres cuerpos, según el modelo italiano romántico -Foyers, Sala, Escena- en una planta de proporciones uno, uno y medio, y uno, con la tradicional forma isabelina de herradura en su espaciosa sala y con una escena igualmente proporcionada y simple, el teatro descansa sobre tres sótanos para salvar el fuerte desnivel de las calles a las que da frente, con un resultado, por ello precisamente, ciclópeo y potente, con sus tres volúmenes inequívocos al exterior, sin ambages ni adornos.

En la Rehabilitación, iniciada en 1998, el pésimo estado de la estructura de madera, pies derechos, cerchas, voladizos, forjados de anfiteatros y sótanos, atacada en su totalidad por hongos, por notidos, y lo que es mucho más grave, por termitas, determinó su sustitución por el hormigón armado, rescatando todos los elementos de madera y tela: puertas, frentes, costeros de escenario, bambalinón, telón, lienzo del techo etc... para su restauración minuciosa y su reposición.

Pero si el cuerpo ha sido modificado por transplantes necesarios y para adaptarlo a normativas, el espíritu del Teatro, es decir, sus excepcionales condiciones acústicas, la madera, la decoración isabelina, sus escalas y su sobriedad, se han repuesto y conservado con el mayor cuidado. Se eleva el nuevo techo de Sala ochenta centímetros para mejorar la acústica, y a él se vuelve a fijar el magnífico lienzo original, restaurado, con sus matizados colores pergamino, añiles, mazarrón y verde agua.

El cuerpo escénico, "la torre" se recrece algunos metros para alojar la maquinaria escénica imprescindible, y en la fachada principal se recrea un frontón clásico -una vez recuperada la simetría nunca antes conseguida- en el que destaca el nombre "Cervantes", al que también se dedica el mural interior que pende sobre el Foyer.

El escenario, de 205 metros cuadrados de superficie y con suelo desmontable, preside el resto del equipamiento, liberándose de los antiguos camerinos y almacenes en sus laterales, y disponiendo de un gran foso, montacargas y plataformas sucesivas hasta la parrilla o peine superior, suspendido de las cerchas de cubierta y a diecisiete metros del escenario.

Un gran ventanal de vidrio de color vino, en sustitución de un cuerpo volado antiguo que encerraba mecanismos de luminotecnia, se abre a esta escena, bañando con luz rosada el interior de la Sala de colores lacre.

En el segundo anfiteatro, se ubica la cabina de control escénico y se renuncia a la cabina de proyección de cine, porque afectaría de modo negativo al teatro en sí, y como Sala quedaría muy por debajo en calidad a las modernas salas de cine, por sonido, tipo de butacas y visibilidad. O teatro o sala de cine, ambas son incompatibles.

El engarce del cuerpo en la Sala, con los niveles del antiguo casino no era fácil, pues había que resolver la unión de cuatro niveles de Sala, con tres plataformas de fachada coincidentes: dos escaleras nuevas en espiral se encargan de ello, con un vacio y balconadas en el Foyer que arman la escenografía del vestíbulo: el teatro dentro del Teatro.

En estas plataformas, que se abren a través de los antiguos balcones a la calle, se diseñan los espacios de relación: acceso, Cafetería, oficinas y un espacio bajo cubierta con vistas a la impresionante Sierra de Béjar, pensado como sala de ensayos y canto tibetano.

Una nueva plaza, en lo que antes era corralón sin uso, abre la fachada mayor del Teatro al entorno, a través de escalones y rampas que resuelven normativas y facilitan accesos, y encuadran un espacio urbano ganado para la ciudad de Béjar y apto para espectáculos al aire libre.

 
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